Mujeres: Participación por añadidura o nuevos pactos para la igualdad

12.06.2013 16:55
 
El 31 de mayo se realizó la la RED CIUDADANA realizó una consulta a 3000 contactos, de los cuales respondieron el 33% de los mismos, pertenecientes a 15 departamentos y 91 ciudades.
 
La pregunta y los resultados de la consulta son:
- Solo el 18% de mujeres son legisladoras, ¿cómo aumentar?:
A- Listas con 50% de mujeres: 22 % de las respuestas
B- Cumplir la ley del 20%: 12 % de las respuestas
C- Formar liderazgos femeninos: 66% de las respuestas
 
La pregunta ¿Cómo aumentar? Puede interpretarse en al menos dos sentidos. Por un lado, cómo incrementar la cantidad de mujeres en el ámbito legislativo nacional, como territorio político específico o cómo aumentar la participación/representación de las mujeres en los espacios de decisión como territorio político amplio.
 
En ambos casos es necesario hacer algunas precisiones conceptuales que sirvan de base a las reflexiones sobre los temas de fondo que la pregunta provoca.
 
Para el análisis el término “mujeres” así como “hombres” son categorías políticas y no categorías de esencia natural, para desentrañar y evidenciar las relaciones de dominación y opresión dadas en el marco del sistema patriarcal. De esta manera se toma distancia de todo argumento que justifique la necesidad de aumentar la participación política de las mujeres porque éstas tienen mayor capacidad para abordar ciertos temas sensibles o porque tienen una visión diferente del mundo. Lo que se busca es instalar la necesidad de erradicar la marginación y exclusión de la mujer, que estando en una situación de subordinación dentro del sistema se le ha impedido y se le impide socialmente una posición de igualdad a los hombres.
 
Este sistema patriarcal puede definirse como “una tradición política, axiológica y sociológica” en la que “un poder aumenta en relación directa a la resta de otro poder, un jerarquía superior se construye a partir de la subordinación jerárquica y los valores se conforman como universales a partir de la desvalorización”1.
 
La desigualdad generada por esta estructura de relaciones no es universal ni homogénea, por el contrario, la mujer se ve ante la necesidad de superar dobles y triples barreras que se construyen a partir de sus propias condiciones sociales, culturales y económicas. Se incorporan así al análisis crítico las diferentes “dimensiones superpuestas de opresión”2 que sufren las mujeres en función de su posición subordinada en el marco de los procesos de división social/sexual/racial del trabajo, y la consecuente exclusión del ámbito político. 3
 
Las dimensiones superpuestas de opresión vinculan directamente el análisis del sistema patriarcal con el capitalismo, no se explican totalmente los problemas de género sin relacionarlos con cuestiones raciales, étnicas y de clase social.
 
Habiendo definido estos conceptos básicos a continuación se desarrolla una serie de reflexiones en torno a la participación política de las mujeres:
 
Cuotas versus igualdad real
Si de lo que hablamos es del desmantelamiento del sistema patriarcal dominante de nuestras sociedades, los mecanismos e instrumentos para el efecto deberán ser de muy distinto tipo y naturaleza, teniendo en cuenta que un sistema se compone de estructuras políticas, jurídicas y socio económicas, todas ellas permeadas por los valores, visiones y prácticas patriarcales.
 
En este sentido y compartiendo el análisis de Cristina Moreno Atienza 4 se abren dos vertientes importantes para la promoción de mecanismos eficaces de igualdad. Por un lado la transversalidad, es decir, la implementación de forma coordinada y sistemática de una serie de medidas y políticas de género en todas aquellas decisiones que puedan afectar a mujeres y por otro lado las denominadas acciones positivas.
 
Estas últimas nacieron como una serie de acciones y programas orientados a grupos desventajados con el objetivo de su equiparación social. Con estos mecanismos se busca erradicar las causas que provocan la desventaja, hallar un equilibrio de las funciones que cumple el colectivo en la sociedad o beneficiarlo directamente como régimen compensatorio ante la discriminación histórica. 5
 
Las cuotas o porcentajes son acciones positivas para facilitar la participación de las mujeres en el plano político. En nuestra ley electoral se fija una cuota del 20% como piso mínimo obligatorio en la confección de listas de candidatos y candidatas para partidos y movimientos políticos.
 
Existe un arduo debate en torno a la utilidad o no de estos mecanismos y si logran realmente un piso de igualdad. De hecho en nuestro país la cuota del 20% establecida en la ley electoral – a casi 20 años de su implementación – no ha garantizado que las mujeres ocupen cargos legislativos en ese mismo porcentaje.
 
Las críticas también se han referido al hecho de que cantidad no asegura calidad de representatividad, ya que por medio de las cuotas se puede incrementar la presencia femenina en espacios de poder pero no se garantiza que ocupando dichos espacios se defiendan los intereses de las mujeres y sus múltiples dimensiones superpuestas de opresión.
 
Pero más allá de estos argumentos, el problema de fondo respecto a las cuotas – tal cual como se presentan hoy – es que no confrontan desde su base al sistema patriarcal sino más bien busca sumar o añadir a la mujer en el sistema impuesto por el hombre.
 
Las cuotas no son fútiles si se asumen como medidas a corto plazo. Que el sistema de desigualdad esté enraizado en las estructuras políticas y sociales no justifica que haya que esperar un cambio social para tomar medidas políticas que favorezcan el cambio, es difícil esperar transformaciones sociales sin que las mujeres estén representadas en los órganos de toma de decisiones. Pero la razón para establecer las cuotas debería apuntar claramente a fomentar la paridad política y a deconstruir el sistema de desigualdades, desarrollando capacidades cívicas y poniendo en marcha una serie de mecanismos articulados que refuercen y sostengan dicho proceso.
 
Por último, las cuotas o porcentajes de participación son mecanismos aplicables sólo a territorios políticos específicos como el parlamento nacional, juntas municipales y departamentales, dejando los cargos electivos unipersonales (Presidencia, Intendencias, Gobernaciones) y la conformación de los gabinetes de los ejecutivos (gobierno central y gobiernos locales) a ser disputados en la lógica política patriarcal inmersa en los partidos y movimientos políticos.
 
Formación de liderazgos femeninos versus construcción de un nuevo sujeto político democrático.
El hecho de considerar a las mujeres como grupo político potencial diferenciado se justifica únicamente como estrategia primaria para acabar con la división tradicional entre hombres y mujeres, siempre y cuando no oculte el problema de género y tenga como objetivo afrontar la propia visión patriarcal de la sociedad. 6
 
Colocar a las mujeres como un “sujeto aparte” o “sujeto diferenciado”, cuando esto no es comprendido como un medio y no un fin, puede tener el efecto de relegar una serie de temas como “temas de mujeres” y “añadir” a las mujeres a las agendas políticas – diseñadas sin las mujeres – a través de acciones de formación y asistencia. 7 
 
Desde este punto de vista se plantea que las mujeres no están preparadas para la vida pública, o no se animan, o no tienen experiencia, o por otro lado que les cuesta equilibrar el trabajo asalariado con el trabajo doméstico. Así es como no se visibiliza que las verdaderas trabas para la participación política radican en estructuras sociales, económicas y culturales que han generado unos roles y estereotipos y que han definido un proyecto de vida que no se corresponde con las necesidades de la amplia diversidad social y por lo tanto genera exclusión y desigualdad.
 
Alternativamente a esta línea de pensamiento se podría plantear la construcción de espacios que permitan la transformación de los imaginarios colectivos sobre la diferencia y la diversidad, replanteado las identidades y roles que reproducen el sistema patriarcal. Esto exige necesariamente acción política y movilización como forma de posicionar a un nuevo sujeto político democrático con una nueva noción de ciudadanía, consciente de las múltiples opresiones pero también de la capacidad desestabilizadora de la diferencia. 8
 
Nuevos pactos
Hasta aquí se ha analizado parte de la ruta formal de la participación política de las mujeres y algunas de sus complicidades con la reproducción del sistema patriarcal y su proyecto político. Décadas de esfuerzo e inversión de recursos por parte de organismos públicos y privados en nuestro país han sido destinados para la formación de liderazgos femeninos, para la puesta en marcha de acciones positivas, para reformas legislativas y otras medidas, sin embargo – y sin desmeritar logros fundamentales- seguimos figurando en las últimas posiciones en las listas de países de la región cuando de participación política de las mujeres se habla y seguimos sosteniendo prácticas políticas y culturales que refuerzan la discriminación y las desigualdades. Esto es realmente un problema, una falla de nuestro sistema político y de la democracia.
 
Para avanzar se hace necesario desandar las trayectorias que nos dejaron en el centro de este laberinto y tomar la propuesta de construir un nuevo poder sobre la base de nuevos pactos sociales. 9
 
Sobre la base de reflexiones de Joaquín Herrera Flores algunos elementos para este nuevo pacto podrían ser:
 
La paridad política como eje del sistema, desde donde se construyan espacios políticos heterogéneos para evidenciar las exclusiones y desigualdades y proponer formas de ir eliminándolas.
 
La consideración de las diferencias e identidades como “recurso público” y no como obstáculo o justificación para nuevas – y viejas- exclusiones.
 
El compromiso de garantizar los resultados de las luchas sociales contra la división social/sexual/racial del trabajo y las diferentes formas de colonización que excluyen a la mayoría de los bienes necesarios para una vida digna.
 
Buscar y practicar nuevos modos de deliberación y prácticas democráticas que incluyan efectivamente a los grupos históricamente marginados por el “antiguo pacto”.
 
Superar la dicotomía entre lo público y lo privado, entre lo dominante – publico y lo dominado – privado, pensando en espacios sociales ampliados y reafirmando al categoría de “lo personal es político”.
 
Un pacto cuyo punto de partida sea la comprensión de las contradicciones del sistema y la privación de derechos y oportunidades bajo las que viven cotidianamente las mayorías excluidas por la democracia abstracta y representativa.
 
Gabriela Schvartzman
Militante feminista y socialista.


Notas
1 Lagarde, Marcela, Género y feminismo. Desarrollo Humano y Democracia. Ed. Horas y Horas, Madrid, 1996.
2 Concepto “overlapping oppressions”, introducido por feministas como Gloria Anzaldúa al ámbito académico estadounidense en la década de los 80.
3 Herrera Flores, Joaquín, De habitaciones propias y otros espacios negados (Una teoría crítica de las opresiones patriarcales) Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, España.
4 En su artículo “Reflexiones críticas sobre igualdad de género a raíz del proyecto de Ley orgánica para la igualdad entre hombres y mujeres – Universidad de Málaga – 2006.
5 Terrón Santos, Daniel, “La igualdad de derechos de la mujer. Límites al principio de discriminación positiva de las mujeres en el derecho nacional y comunitario” en Mujer y empleo. Una estrategia para la igualdad, granada, Comares, 2004.
6 Moreno Atienza, Cristina, “Reflexiones críticas sobre igualdad de género a raíz del proyecto de Ley orgánica para la igualdad entre hombres y mujeres – Universidad de Málaga – 2006.
7 Bacchi, C.L, The Politics of Affirmative Action. “Women, Equality and category Politics.
8 …”La diferencia modificará necesariamente las jerarquías ya que al introducir un nuevo significante en el sistema de representaciones (en la cadena del significante), todas las relaciones diferenciales y de valor (de los signos) se alteran”. Leticia Sabsay refiriéndose a Butler en “Judith Buttler: performatividad de género y política democrática radical”, La manzana de la discordia, Volumen 5. Cali, Colombia, 2010.-
9 Joaquín Herrera Flores desarrolla la idea de un nuevo poder constituyente, un nuevo pacto social no ciego ante las diferencias, sobre premisas de paridad democrática. De habitaciones propias y otros espacios negados (Una teoría crítica de las opresiones patriarcales) Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, España
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